A 67 años del bombardeo a Plaza de Mayo: el atentado contra Perón y el despegue de los aviones desde la base de Morón

El 16 de junio de 1955 se cobró 300 víctimas, en el intento de la Armada Argentina de matar al presidente. Decenas de aviones partieron desde las bases de Morón, Punta Indio y Ezeiza.

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Avion Gloster Meteor de la FAA sobrevolando el Río de la Plata.

Aún el 24 de marzo queda cerca de este 16 de junio. Ambas fechas reflejan muertes, asesinatos y un violento accionar por parte de las Fuerzas Armadas para con la población civil. Un hecho se enmarca en 1976 durante la dictadura militar que perduró hasta 1983, cuando Raúl Alfonsín tomó las riendas de un país desbastado en cualquier sentido. El otro, al que haremos referencia en esta nota, retrata lo acontecido dos décadas antes, en 1955, con el bombardeo a la Casa Rosada por parte de la Fuerza Aérea, que tenía como único objetivo matar a Juan Domingo Perón y quedarse con el gobierno.

Perón era el presidente legítimo desde su reelección de 1952. El desarrollo de su primer mandato, en el que se destaca la implantación del Estado de Bienestar, poco tuvo que ver con lo sucedido en el segundo, en el que sí comenzaron a surgir los problemas, que inesperados o no, culminaron en violencia, como la que tuvo lugar este mismo día, pero 67 años atrás.

El conflicto que desembocó en las 300 muertes que se recuerdan este 16 de junio por el bombardeo a la Casa Rosada comienza, en realidad, a finales de 1954, con la aceleración del conflicto entre Perón y la Iglesia Católica, lo que conllevó, en efecto, al aglutinamiento alrededor de la Iglesia de la mayoría de los opositores al gobierno de turno.

Ya para diciembre de ese año, una conspiración protagonizada mayormente por oficiales de la Armada Argentina, comenzó a delinear un plan estratégico para matar a Perón y tomar el gobierno bombardeando la Casa Rosada.

El tiempo siguió transcurriendo y así, en medio de este tenso panorama, llegamos al 11 de junio del '55. Ese día, en el marco de la celebración religiosa de Corpus Christi, se produjo una multitudinaria marcha (mas de 200 mil personas) que aprovecharon la ocasión para manifestar su oposición al gobierno peronista.

Para entonces, el plan de los marinos abarcaba: sublevación y toma de las bases aéreas de Punta Indio (de la Armada), de Ezeiza y de Morón (de la Fuerza Aérea), además de haberse plegado la Flota de Mar con base en Bahía Blanca y el Batallón de Infantería de Marina Nro. 4 con base en el Puerto de Buenos Aires y que debía tomar la Casa Rosada (o lo que quedara de ella luego del bombardeo).

El ataque estaba previsto para las 8 horas del 16, justo en el momento en que Perón mantendría una reunión en Casa de Gobierno con todo su gabinete. Sin embargo, dificultades climáticas y el fracaso inicial de la toma de la base de Morón demoraron el inicio. Así, la primera oleada de aviones partió de Punta Indio y de Ezeiza pasadas las 10 de la mañana.

¿Qué fue lo que pasó en la Base Aérea del oeste del conurbano? Allí se desataron fuertes debates entre oficiales rebeldes y leales al gobierno. En principio, despegaron cuatro aviones para repeler el ataque de los sublevados, pero al volver, esos pilotos fueron detenidos y reemplazados por oficiales comprometidos con la conspiración que volvieron a despegar y se sumaron al ataque.

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Imagen de los sublevados en la Base Aérea de Morón

De acuerdo a lo que relata el libro Bombas sobre Buenos Aires, de Daniel Cichero, Perón, advertido del inminente bombardeo aún antes que se produjera, se había trasladado al edificio del Ministerio de Guerra, donde permanecería hasta el final de los acontecimientos.

Cuando se produce la segunda oleada de aviones, se agregaron en la mira otros objetivos: el propio ministerio, la CGT y el Departamento Central de la Policía Federal Argentina. Con intención o no, la Plaza de Mayo y las calles aledañas repletas de gente, también permanecieron bajo fuego.

A pesar de todo, la sublevación fracasó por varios factores: Perón seguía vivo, el Ejército permaneció leal al gobierno, la Casa Rosada no pudo ser tomada y comenzaba una movilización hacia la misma de simpatizantes a su líder. A ello había que agregarle que la Flota de Mar no había partido desde Bahía Blanca y por lo tanto tampoco pudo ser utilizada en el intento de golpe.

Los pilotos atacantes y decenas de militares y políticos comprometidos en la sublevación cruzaron el Río de la Plata y solicitaron asilo político en el Uruguay. Allí permanecieron hasta el triunfo de la Revolución Libertadora de septiembre de aquel año, que culminó en el derrocamiento del Gral. Perón.

Las consecuencias de este ataque fueron durísimas. La cifra de muertos fue fijada oficialmente en 308, aunque existe aún hoy un debate sobre el alcance real de las mismas. En lo político, pese al llamamiento a la unidad y la conciliación nacional que hizo Perón y una mayor apertura hacia la oposición, el gobierno no pudo recuperar la iniciativa. Los sectores golpistas tampoco se detuvieron y, apenas tres meses después, lograrían desalojar del poder al legítimo gobierno peronista e imponer uno de facto. Aquel gobierno intentaría por medio de prohibiciones, proscripciones, exilios y fusilamientos, eliminar al peronismo. En eso, tampoco tuvieron éxito.

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