Hay historias que ayudan a explicar por qué el fútbol argentino sigue produciendo sueños. La de Tomás Aranda es una de ellas. Hace apenas unos meses era una de las promesas de las inferiores de Boca. Hoy, con 18 años, aparece entre los titulares para jugar su primer Superclásico oficial, este domingo desde las 17 horas frente a River en el Monumental.
El ascenso fue rápido, pero no casual. Su irrupción en Primera coincidió con una mejora futbolística de Boca, que encontró en el juvenil mayor dinámica, conexión entre líneas y frescura ofensiva. En un equipo que buscaba respuestas, Aranda aportó desequilibrio, movilidad y una naturalidad impropia para alguien que hasta hace poco jugaba en Reserva. Es sin duda una de las claves que modificaron el presente del conjunto dirigido por Claudio Úbeda.
Pero antes de esta previa al Superclásico en el Monumental, antes de la Bombonera y antes de la exposición grande, hubo otra escena mucho más cercana al conurbano profundo.
Ciudadela y Villa Udaondo
Tomás Aranda nació el 9 de mayo de 2007 en Ciudadela, partido de Tres de Febrero. Luego se crió en Villa Udaondo, un barrio del partido de Ituzaingó muy cercano a Parque Leloir, una zona atravesada por clubes sociales, calles tranquilas y la cultura futbolera típica del oeste bonaerense. Allí empezó su relación con la pelota, en el lugar donde para miles de chicos el fútbol todavía pasa por la canchita del barrio, el club social y el potrero de cada tarde.
Sus primeros pasos los dio en ese universo barrial donde muchas carreras empiezan sin cámaras ni tribunas. Entre esos escenarios aparece el Club Social y Deportivo Santa Rita, referencia deportiva de Villa Udaondo, donde empezó a mostrarse desde chico. Más adelante continuó su formación en la Academia Kaly, una escuela de fútbol de Ituzaingó que también fue parte central de su crecimiento. Entre partidos de baby, viajes familiares y fines de semana recorriendo canchas de la zona oeste, comenzó a tomar forma el camino que años después lo llevaría a Boca.
En 2018 llegó al club de la Ribera. Hizo toda la escalera formativa, fue capitán en juveniles, pasó por Reserva y firmó su primer contrato profesional. El debut oficial en Primera se produjo a comienzos de este 2026 y desde entonces no dejó de sumar terreno. Con actuaciones destacadas, titularidades consecutivas y un primer gol en la máxima categoría, se transformó en una de las caras nuevas del Boca que recuperó competitividad en el torneo local y también en la Copa Libertadores.
En la previa del clásico también volvió a circular una anécdota de su infancia. Cuando tenía siete años surgió la posibilidad de acercarlo a River, pero la respuesta fue negativa. El propio Aranda, según contaron quienes lo conocieron en esa etapa, no quiso saber nada. Años después, ya instalado en Boca, el destino lo encuentra frente al rival que alguna vez lo buscó.
Más allá del resultado de esta tarde, su presencia en el Superclásico ya marca un punto importante en su historia. Porque no se trata solamente de un juvenil que llegó a Primera. También es un pibe surgido del circuito barrial del oeste bonaerense que logró abrirse paso hasta uno de los escenarios más exigentes del continente.



