Desde el hincha. Fecha 4: El más C.A.T.

El partido contra Temperley, desde la mirada de un hincha.
Por Juan Carlos Dall’ Occhio
Todos queremos ganar. Todas las fechas, cada partido, cada amistoso, hasta los picaditos contra los juveniles en la pretemporada. Y si unos pibes están pateando la pelota en la canchita del barrio, queremos que el de azul y rojo la meta, o se destaque. El fútbol nos ha vuelto cada vez más exigentes a los hinchas de Tigre. Que las finales con Boca y San Lorenzo, que la goleada en el Monumental, que copamos la bombonera, el pecho copero en Paraguay, Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil. Todos queremos ganar, todo. Y cuando en la Primera División asoma la cabeza un albo, un halcón, un torito, un funebrero, un cervecero, un gasolero, rivales con los que nos acostumbramos a identificarnos tiempo atrás, queremos tirarle encima los pergaminos de estos ocho años en Primera ¡Ya lo vas a ver a Tigre jugando en primera!
Y créame, todos compartimos ese sentimiento. Nos convertimos en un animal salvaje que marca territorio ante la llegada de un intruso. Mostramos los dientes, erizamos el lomo, acechamos a cualquiera, que nuestro depredador se convierta en presa en la jungla del fútbol. Y si vienen para Victoria ¡ay! si vienen para Victoria alguno de esos equipos, ni se te ocurra mear en el pasto porque ahí si que se pudre todo verdaderamente. Vení, gozá, miranos rugir y volvete a tu barrio porque acá mando yo. Porque Tigre se ha vuelto un equipo, una hinchada y una cancha difícil para todos.
En Temperley teníamos una parada brava, porque no solo jugábamos tres puntos, sino ese sentimiento de “acá mando yo” del que les hablo. Porque perder con Central en Rosario, puede pasar. Pero perder en Temperley, no, nunca jamás. Y tal era la bravura con la que nos comimos el partido los hinchas, que cuando al Flaco le quedó una pelota servida en el área después de un centro y pateó al pecho del arquero, los 40 que estábamos en Dulcinea gritamos ¡GOOOL! enloquecidos, desencajados, jubilosos. El grito, en el momento, fue sincero y el festejo aún más. El gol nunca fue, y Temperley 1 – 0. A dejar todo, más no sea para empatarlo.
¿Cómo se puede explicar eso? Solo con el corazón, solo desde la pasión. Wilchez vuelve a meter un gran pase desde la izquierda, y Larrondo que la bajó con el mismo brazo que golpeó al defensor de Central en la segunda fecha, la metió adentro como sea, como todos lo deseábamos. Y ahí sí, el deshago, la euforia, la bronca, el: “¡a mí en primera no me ganás, Temperley!” Es la abstinencia de visitante, es que nos sentimos verdaderamente más grandes que nunca. Que Tigre creció, que merece más, que merodea un campeonato, el primero para la historia, el que nos ubique finalmente en la constelación de los campeones. Entonces: Cuerpo técnico, jugadores, dirigentes, es el momento de dar el salto y quedar en la historia, a dejar todo por el glorioso Matador. Queremos salir campeones.