Por Tomás García Mojica.
Tras casi un cuatrimestre en el cargo, Matías Módolo dejó su puesto como entrenador de Chacarita. Su llegada despertó ilusiones y confianza, pero desaparecieron rápido luego de resultados inesperados junto a actuaciones preocupantes y malas en momentos claves.
Matías Módolo había llegado a Chacarita el 29 de noviembre de 2025 como la cabeza del proyecto deportivo del club, elegido por el presidente Néstor Di Pierro y el mánager deportivo Enrique Borrelli. En los papeles, su elección era acertada, tanto por su trabajo realizado en los últimos tres años, sus resultados que lo respaldaban, y su idea de juego que traía buenos números. Ante el anuncio de su incorporación, el apellido del ex Gimnasia de Jujuy generó ilusión, confianza, buen augurio y la sensación de “éste tiene que ser el entrenador” o “éste es el año” en el pueblo Funebrero, ya que entre todos los nombres en el mercado de directores técnicos, el de Matías era el más pretendido por propios y ajenos.
120 fueron los días que duró al mando del Tricolor el entrenador que supo ascender a Primera en 2023 con Deportivo Riestra. Sus casi cuatro meses con el saco de DT dejaron la sensación de que nunca pudo conectar con sus dirigidos, aquellos que tras una “exhaustiva evaluación” -como supieron decir él y Borrelli- habían arribado para formar un plantel desde cero y devolver a Chaca a la máxima divisional. La forma de juego con constante ataque y protagonismo que había proclamado y demostrado en temporadas anteriores, se quedó sólo en ideas luego de haber sacado cuatro unidades de 18 posibles.
Uno a la hora de evaluar un resultado debe analizar, asimismo, las formas. Chacarita en estos seis encuentros con Módolo, con un saldo de cuatro derrotas, un empate y una victoria, no pudo demostrar ser un equipo serio ni consolidado. Ante un fixture favorable para el inicio del campeonato en cuanto a la relación de cantidad de fechas como local y visitante, se estipulaba que lo ideal era que se consiguieran victorias cómodas o una mayor cantidad de puntos. Luego de tener la oportunidad de disputar cuatro de seis jornadas en San Martín, dio la sensación de que ni siquiera en casa había un rato para relajarse, por el hecho de que hasta en tu propia fortaleza te pelotean, superan y se juega como el visitante quiere.
Módolo podía agarrarse de que 25 jugadores de su plantel eran nuevos en Chacarita, lo que conllevaría un tiempo de adaptación al club, la dinámica de entrenamiento y el ensamblaje de un juego aceitado y fructífero para con los resultados. El tema estaba en que partido a partido no se notaba una mejoría en el plan de cómo afrontarlos, hasta incluso se veían empobrecidos los niveles y actuaciones del encuentro anterior, salvo lo sucedido en la grandísima victoria 3-1 ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy en la segunda jornada del torneo, en la que fue la única tarde positiva en lo que va del año. Los insultos, reproches y reclamos lógicos por parte del hincha empezaban a caer desde las tribunas, y cada vez en más cantidad y con mayor constancia.
El encuentro interzonal ante Estudiantes de Caseros, un elenco que había perdido los cinco partidos que disputó y no convirtió ni un solo tanto, no fue la excepción: sin jugadas de peligro generadas, envíos largos a cualquier parte menos a la posesión de un compañero y, como si fuera poco, dos goles abajo en el entretiempo. Solo era cuestión de que el partido terminara para así conocer la decisión de Módolo, que luego del encuentro con Atlético Rafaela había desatinado a decir que “estaba con fuerzas de seguir”.
En contrapartida de aquella postura planteada en conferencia de prensa, el ahora ex entrenador de Chacarita tuvo la personalidad y el profesionalismo para aceptar que se estaban haciendo las cosas mal, él era el máximo responsable (según comunicó Di Pierro) y que debía dar un paso al costado para que la bola de nieve no se agigante más. Un encuentro que había comenzado con esa dulzura de sentir que era lo correcto y había con qué encarar el campeonato, termina con una mala, amarga despedida de ver que el camino no era el acertado, las formas eran equivocadas y la relación con el hincha estaba completamente rota.
El breve transcurso de Módolo en Chacarita deja el aprendizaje de que hasta trayendo a la mejor opción no hay que confiarse en una categoría que es una cacería de 34 fines de semana, en la que ni siquiera siendo el mejor en la materia te aseguras el premio grande y que se depende de más factores, internos y externos, para conseguir el objetivo. La convicción y buenos presagios del entrenador y compañía no fueron suficientes para conseguir los resultados esperables.
En cuanto a los jugadores que trajo, se pueden destacar buenos niveles individuales de algunos de ellos, pero que no se pudieron acoplar en un esquema que favorezca el juego en conjunto. Se probó con cambios de esquemas, de nombres en algunos puestos que flaquearon, y también en las formas de llegada, aunque esas tareas fracasaron en el intento.



