El compromiso de unas madres reactivó una obra parada y se reinauguró la escuela 504

Valeria y Mabel, se decidieron a pelear por el derecho de sus hijos a una escuela digna. Con reclamos, movilizaciones y el apoyo de los medios de comunicación lograron que el Estado diera la respuesta que venía demorando hacia más de un año. Una de las historias que nos enorgullece haber acompañado en este 2013.

Valeria con su hija Lua y Mabel

Por Ariel Gómez Barbalace. 

En el mes mayo, Que Pasa San Isidro te contaba la problemática de la Escuela de Educación Especial 504. Una historia que mostraba el peor rostro del Estado: desidia, falta de planificación, incapacidad de respuesta, maltrato, incumplimiento, derechos fundamentales vulnerados.

El concejo escolar de San Isidro les había ofrecido a los padres una reforma, necesaria pero no indispensable, que llevaría no más de 180 días, pero ya había pasado un año y las obras estaban paradas hacia meses. El mismo concejo escolar no se hacía responsable, señalaba que no tenía fondos y que la Dirección de Escuelas del Gobierno de la Provincia no envía las partidas correspondientes.

Allí conocimos a Valeria Diaz y Mabel Peralta, madres de Lua y Alejandro, que decididas a no quedarse de brazos cruzados frente a la falta de respuestas, cortaron calles, convocaron medios soportaron el maltrato y las actitudes intimidatorias de funcionarios del Concejo Escolar. “El otro día una amiga me mostró un video del canal local en el que yo decía que no iba a parar de cortar calles hasta que no tengamos la Escuela” cuanta Valeria, emocionada, y tal cual lo decía fue.

Esta problemática tuvo eco en unos pocos medios locales, pero recién cuando el programa CQC puso sus cámaras para mostrar lo que estabasucediendo, la respuesta  resolutiva que hasta entonces no aparecía, ocurrió. A los pocos días la obra se puso en marcha, y en el mes de noviembre se reinauguró la escuela. 

“El día de la inauguración me desarmé. Yo no había llorado hasta ese momento, pero ahí me desarmé y nos abrazamos con Mabel y le decía –¡Lo logramos!-.  Yo no te puedo decir lo que anduvimos con esta mina, lo que pateamos, lo que gritamos. Ahora te parás y decís, qué sacada, uy, corte la calle, de repente piquetera. Yo ese día sentí que había parido, una alegría descomunal” cuenta Valeria.

“Para nosotras el derecho de los chicos es lo más importante y sabíamos que si no lo hacíamos valer, nadie lo iba a hacer. Ale mi hijo llegaba todas las tardes a casa y me decía qué se aburría, que no tenía juegos. Además de que estaban en un aula de 3 x 4 no tenían juegos para chicos discapacitados. El día que se inauguró la escuela  los chicos se desesperaban por subir a los juegos” recuerda Mabel. 

“Se subían a la calesita y se amuchaban todos, haciendo más espacio para que pudiera entrar alguno más. El hijo de ale clavó la silla de rueda y no se movió de ahí. Otra chiquita llegó junto  a la calesita, soltó los bastones y se quedó haciendo equilibrio hasta que le hicieron un lugar. Yo los veía y lloraba. Pensaba, tan poco era lo que había que hacer para que los chicos estén así” agrega Valeria y se le quiebra la vos recordando la escena.

“Yo tengo obra social y sé que a mi hija en cualquier momento la podían tomar en otro colegio pero  yo me decía que estos HDP no se van a comer la guita y dejar de lado la educación de los pibes. Para estos chicos es re importante la escuela. Estos chicos tienen el mismo derecho a educarse que el resto de los chicos. ¿Por qué mi hija no habla no tiene el mismo derecho? El día que yo tuve que cambiarle los pañales a mi hija en el piso, porque en el aula que les habían dado no había otro lugar, me sentí horrible, nunca me había sentido así. Y la maestra de Lua, que es un amor, pobrecita se ponía y les cambiaban los pañales en el piso. En invierno, entendés. Y cuando iba al Concejo Escolar, Norma Balmaceda (presidenta) me decía que mi dolor era su dolor. Y ella no sabe lo que es mi dolor. Sólo los que tenemos un chico con discapacidad lo entendemos. De que la gente te mira, que no lo aceptan al pibe, del rechazo, del prejuicio” explica Valeria que en muchas ocasiones se sintió maltratada por funcionarios del Concejo.

“En el acto de inauguración, le agradecían a Magoya que estuvo presente. A Fulano, a Mengano. Yo ya sabía que no iban a agradecernos nada a nosotras. Pero en ese momento yo pido un aplauso para CQC, gracias a CQC. Y se hizo un silencio de misa. E insisto, – gracias a CQC tenemos escuela y ahí todo el mundo empezó a aplaudir”, dice Valeria expresando un enorme agradecimiento a la gente del programa de Canal 13, que en la sección “Proteste Ya” se ocuparon de la escuela.

“Las madres de chiquitos discapacitados estamos acostumbradas a pelear. Nuestra vida es una pelea día a día. Todo esto me deja la enseñanza que no hay que bajar los brazos, que querer es poder. Ver la cara de felicidad de mi hijo es impagable. Y que venga, me dé un abrazo y me diga – mama, gracias- es una alegría inmensa” dice Mabel.


La historia de estas madres, de su pelea que en muchos momentos fue en gran soledad, habla de dignidad, de compromiso, de decisión, de amor.  Y también tiene su contracara: funcionarios incapaces de dar respuesta, de planificar, de gestionar con seriedad y responsabilidad. Más atentos a los medios de comunicación que a los derechos vulnerados de los ciudadanos.  Otra historia que nos invita a repensar nuestra relación con las instituciones, y la necesidad imperiosa y en todos los lugares de profundizar la participación, de profundizar la democracia.

Notas sobre la Escuela 504:

— Familias de la escuela 504 reclaman por el derecho a la educación de sus hijos
CQC en San -Isidro por la Escuela 504

— La insistencia de unas madres y la presencia de los medios movilizan las obras paradas en la escuela 504