Vecinos de Tigre y San Fernando recordaron al padre Pancho Soares, asesinado hace 39 años

Se colocó una placa,  el Obispo Ojea  presidió una misa y hubo un cierre musical a cargo del grupo La Lija (ver video) .
 Soares fue uno de los primeros sacerdotes víctimas del terrorismo de Estado y fue homenajeado con la colocación de una “Baldosa por la Memoria”, en la Parroquia Nuestra Señora de Carupá, en Larrea 500 del partido de Tigre, lugar en el que una patota lo acribilló a balazos junto a su hermano discapacitado Arnoldo. También se celebró una misa presidida por el obispo Monseñor Oscar Ojea y una decena de sarcedotes. Cerrando la jornada el grupo La Lija homenajeó al sacerdote con un show musical (ver video)

Soares, que nació en San Pablo, Brasil, el 27 de mayo del 1921, hizo los votos perpetuos en la Congregación de los Asuncionistas en Francia, y volvió a América en 1945, precisamente a Argentina, donde terminó sus estudios teológicos y el 8 de julio de ese año se ordenó sacerdote.

Tras un breve paso por Francia y luego por Chile, Soares comenzó a abrigar el sueño de vivir en un barrio pobre para comenzar una “misión obrera”, indicaron los organizadores del homenaje en un comunicado.

En 1963 pasó a formar parte del Obispado de San Isidro, para dedicar su vida y su ministerio a los pobres en San Fernando y Tigre, donde terminó viviendo en una casilla de madera al lado de una capilla.

Su sueño era estar entre los pobres y por ese motivo se dedicó a realizar trabajos de zapatero, se empleó en comercios, hizo traducciones al francés y más tarde se unió a la cooperativa de mosaicos Juan XXIII, en la cual llegaron a trabajar unas 30 personas.

Como sacerdote firmó la carta adhesión que realizaron curas argentinos al “Manifiesto de los 18 obispos del Tercer Mundo”, escrito que dio origen al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en Argentina.

Su compromiso político lo llevó a estar cerca de jóvenes de la Juventud Peronista y de delegados navales de los astilleros Astarsa y Mestrina.

A pesar de provenir de una orden contemplativa, denunció penalmente los secuestros y apremios ilegales que sufrían los obreros.

El 8 de febrero de 1976, el sacerdote rezó el responso por dos obreros de su comunidad que fueron hallados en un descampado de Moreno, y cinco días después, en la madrugada del 13 de febrero lo mataron e hirieron a su hermano, quien murió el 1 de mayo de ese año.

Jorge Marengo, actual párroco de Nuestra Señora de Carupá, expresó que “Pancho fue un ejemplo de compromiso con su comunidad, con los pobres y con su vocación, su memoria ha estado viva todos estos años en los vecinos y amigos que siempre recuerdan su mano tendida y su compromiso con todas las causas justas”.

“Es muy importante que la Iglesia le abra la puerta a la reivindicación de los derechos humanos y a la memoria de mártires cómo Pancho y otros tantos religiosos que también fueron perseguidos, torturados y desparecidos por creer en un país más justo”, añadió.

Por su parte, el obispo de San Isidro, Oscar Ojea, manifestó que “Pancho está vivo en una comunidad que nunca olvidó su ejemplo de entrega y compromiso con los humildes, basta con venir a visitar esta parroquia y escuchar a sus feligreses o ver como los vecinos rezan frente a la cruz que lo recuerda”.

“Francisco Soares fue un ejemplo vivo de opción por lo pobres, no era un hombre de muchos discursos, era un hombre que le ponía el cuerpo a todos aquellos desafíos que le tocaba asumir y con esa actitud sembró todo este amor y esperanza que hoy se palpa en quienes lo recuerdan”, concluyó.

 
El obispo celebró una misa muy concurrida y al finalizar el grupo La Lija participó del homenaje compartiendo un poco de música (ver video)



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