Jardín Tribilín: Un año sin maltratos pero con el mismo color

 

| Por Matías Suárez |

Lo primero es evidente, lo pintaron. Lo segundo, lastima, del mismo color. Después de un año, al inmueble de la calle O’Higgins 591 le taparon la indignación en forma de pintada, las ocultaron, pero esos trazos ahí están como si quisieran volver a salir de la pared, se traslucen por debajo demostrando que, conscientes o no, hicieron todo lo contrario.

“Por ahí no, por ahí no”. Palabras de un nene de cuatro años al pasar por esa esquina, sin darse cuenta que ese renovado color naranja impacta en los peores momentos de su tan corta vida. Una esquina, una experiencia, un color, un sentido. En el despertar de su conciencia allí supo lo que es el agua, no la del mar en una playa ni la de la orilla de un río, sino de una pileta alejada de risas y cerca de los llantos, donde le metían su cabecita cuando sus maestras se molestaban. Un año, un castigo, toda una vida, una experiencia que por su corta edad va a superarlo y sus padres serán los mejores custodios de ese profundo dolor.

Lío… agua… jardín

Una advertencia, un padre que acciona, una mochila, un Ipod, y una grabación que hace un año grabó este caso y todo cambió. En Febrero del año pasado nos indignamos con el caso del “Jardín del terror”. Tribilín de San Isidro se convirtió así en un símbolo que avergüenza y que duele sin importar si conocemos o no los afectados. El impacto que generó enterarse que al menos 6 maestras y colaboradoras golpeaban, insultaban, amenazaban a niños de tan sólo 6 meses hasta 3 años, movilizó por lejos a los límites del municipio y de la Provincia de Buenos Aires.

El audio que salió a la opinión pública duraba entre 2 a 5 minutos, era de una tortura psicológica que todavía hace mal escucharlo, el audio original es de 4 horas.

Muchos gritos, llantos de los chicos. Muchos gritos e insultos de sus maestras. Una pequeña muestra de lo que sería pasar unas horas diarias en el Inframundo sin poder contestar, sin poder hablar, sin poder defenderse, sin poder salir corriendo, sin poder contarle a los que más nos quieren que es lo que nos estaba pasando.

Abandono de persona, lesiones y amenazas

Esa es la calificación legal por la que el fiscal Franco Servidio pidió la elevación a juicio oral de la causa en contra de seis maestras y colaboradoras de Tribilín: Mariana Buchniv, Graciela Di Pascuale, Noelia Gallardo, Yanina Gogonza, Noemí Nuñez, Gisela Vanina Diap.

Ahora, se espera que la causa pase a al Juzgado de Garantías Nro. 3 de San Isidro para determinar fecha del juicio oral.

Queda por determinar las responsabilidades y el posible delito de acción pública por parte de Mónica Jesús Seal, quien se desempeñaba como Jefa Regional Provisional; y sobre Patricia Mabel Naso, quien se desempeñaba como Inspectora de Enseñanza Provisional; dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación.

Dolor por amor


Valeria García, Griselda Marcasoli, Hernán Juarez, Soledad Gómez, Alejandra Ortega, son padres de los chicos que concurrían al Jardín Tribilín durante los hechos denunciados. Conversaron con Que Pasa San Isidro y confiaron sus actuales temores y el progreso en la recuperación psíquica de sus hijos.


Valeria García: “MI hijo tenía dos años, empezó con una terapeuta infantil cuando esto salió a la luz, todavía no tiene el alta. Se diagnosticó que tiene un shock post traumático y tiene fobia al agua. Hoy día va mejorando en cuanto a lo que es bañarlo, y a través del juego fuimos haciendo que el nene disocie el agua como medio de castigo.”

Griselda Marcasoli: “Mi nene tenía un año al momento de detectar lo que pasaba en el jardín. Tenía problemas para bañarse, con ayuda del pediatra pudimos hacer que se amigue con el agua. Pero hace un tiempo atrás empezaron problemas como que su shock se empezó a manifestarse hace unos 6 meses, estamos con psicólogo, empezó con agresividad y volvió a pegarse en la cabeza como antes. El psicólogo nos dijo que algunos chicos tienen un proceso más largo.”

Hernán Juarez: “Yo tenía dos nenas en el Jardín. Veíamos comportamientos raros como no querer meterse en la pileta, se auto golpeaban, malas palabras que no se decían en la casa. Hicimos tratamientos, ahora están bien, pero lo que pasaron es una deuda que llevamos los padres. Como padre siento que le debo algo a ellas por haberlas dejado acá, yo las deje para que me las cuiden y las maltrataron, entonces yo estoy en deuda con mis hijas, ese es el dolor que yo tengo con estas chicas. Estoy esperando que la Justicia nos de tranquilidad como padres, yo confío.”

Soledad Gómez: “Mi nena tenía meses, cumplió el año acá adentro. Por suerte ahora está bien, está conmigo, decidí no ir a trabajar, tampoco la lleve a ningún psicólogo porque era chiquitita y no hablaba. Pero se manifestaba también con el agua. Actualmente tiene dos años y recién ahora puedo bañarla tranquila. Lo más raro es que ella iba con Yanina (Gogonza) y ella misma era la que le pegaba.” 


Alejandra Ortega: “Me sigue angustiando, me sigue poniendo mal, la culpa no se fue, es algo en lo que yo tengo que seguir trabajando. Lo que me pone bien es que mi nene está saliendo adelante, hay días que mejor y hay días que peor, momentos que vamos para atrás, momentos que vamos para adelante, pero vamos por buen camino. Las precauciones que tomo desde hace un año son otras. Como mamá ahora soy super insegura, era una mamá antes y soy una mamá ahora, siento eso como madre y como todo. A mi hijo lo veo ahora muy bien, ahora me cuenta todo, y a veces me dice: ¡mamá, no me pasó nada!”

Neurosis con sintomatología fóbica

En una de las pericias psicológicas efectuada a uno de los niños la profesional a cargo del estudio manifiesta que si el temor por el agua no se resuelve podría derivar en una neurosis con sintomatología fóbica.

La temática del agua es recurrente en los diferentes partes de las pericias a los chicos de Tribilín, hasta en algunos casos la mención de ese mismo nombre les generaba alteraciones no frecuentes en su conducta cotidiana.

Es claro que por lejos de las resoluciones judiciales lo más importante para esos chicos es lograr que aparten esta experiencia en su vida futura.

En uno de los casos, el uso de una grafóloga determinó la “situación de violencia”.

Algunos de los chicos afectados en este caso, tienen hermanos mayores que también concurrieron a la misma institución. En la actualidad, ya más grandes, al ser consultados por sus padres por su experiencia en esos años surge una respuesta similar: “A mi no me hacían nada porque yo me portaba bien”.

Un llamado

El acompañamiento a las víctimas de un hecho siempre es esperable y que nunca debe faltar si se trata de uno institucional, puede ser de una ONG, una organización social ó un municipio. El pertenecer a un municipio está fuertemente ligado a un lugar de pertenencia, donde vivimos, donde votamos. El municipio es el primer y fundamental orden gubernamental al cual debemos recurrir y del cual esperamos que este presente.

En el caso del Jardín Tribilín hubo una fuerte presencia en los primeros días cuando se hizo público, presencia mediática, muchas declaraciones al punto de encerrarse en contradicciones. Pero eso ya pasó, el impacto pasa y es pisado por otras noticias, es una regla de los medios, pero no tiene que ser una regla de un municipio. A un año no hubo contacto alguno de algún funcionario de la Municipalidad de San Isidro, un mensaje, una llamada telefónica, no la hubo.

En términos económicos, hasta diciembre el Municipio había acordado una beca para los padres de los chicos, consistían en el pago de la diferencia de la cuota en otro jardín en base a lo que pagaban en Tribilín. Destacable acción que no tuvo mucha difusión, hasta el momento no se cuenta con información sobre alguna extensión en el nuevo año lectivo.

Esa es una buena forma de acompañar a los padres, pero quizás por fuera de lo económico una llamada sería la mejor señal que necesitan para saber que todavía los recuerdan, que los siguen apoyando sin importar las prioridades de la política cotidiana.

Los chicos no mienten

Claramente la expresión de ese niño, de tan sólo 3 años, tenía algo de verdad. Todavía lo recuerdo mientras termino este artículo, ciertamente esas jóvenes aspirantes a maestras jardineras siempre fueron “viejitas” y seguro que antes de que existiese ese Ipod revelador ya estaban en su propio cementerio.