Julieta Smulevic: «En San Isidro no hubo capacidad de reinterpretar las demandas de los vecinos»

La referente de Somos Barrios de Pie en San Isidro sostuvo que "es necesario mantener la utopía de la justicia ambiental, feminista y participativa".

julieta smulevic

Julieta Smulevic, dirigente de Somos Barrios de Pie dentro del Frente de Todos, criticó la gestión local y señaló que «no hubo capacidad de reinterpretar las demandas de los vecinos» y propuso mediante un comunicado «aportes para un horizonte con alegría».

De cara a las próximas elecciones legislativas, Smulevic destacó que «la necesidad de construir nuevas referencias políticas está motivada por la indiferencia que muchos sectores de la sociedad manifiestan frente a la política, concebida como una esfera escindida de su propia vida». En esta línea, indicó que «los niveles de indiferencia y de cuestionamiento se han ampliado incluso en las capas más jóvenes de nuestra sociedad. San Isidro no es la excepción. Por el contrario, se puede vislumbrar como la continuidad y permanencia de un mismo color y apellido en la conducción de la administración municipal duerme la proliferación de propuestas que entusiasmen la participación popular».

«Desde hace un tiempo, el espacio de lo político se vio irrumpido por nuevas perspectivas ligadas al surgimiento de nuevos actores sociales tanto en el plano nacional, latinoamericano como mundial. Se dieron a conocer bajo la defensa de derechos ambientales y feministas, pero también mediante el cuestionamiento a las ‘verdades’ mediáticas y las formas corporativas de interpretar los fenómenos económicos. El carácter de nuestras democracias se debate al calor de pensar nuevas formas de legitimar lo político como constitutivo de nuestras vidas», reflexionó.

«Me pregunto si la política en el distrito de San Isidro ha sido y es capaz de reinterpretar las demandas de los vecinos y vecinas a razón de las nuevas consignas contemporáneas. La respuesta es más que evidente si analizamos el estatus quo de la oferta electoral de gobierno: cambian las camisetas y quedan los mismos nombres», cuestionó Smulevic.

Además, analizó que «las restricciones a la presencialidad han afectado de manera particular a niños, niñas y adolescentes, quienes no pudieron festejar sus cumpleaños, fiestas de 15, compartir viajes de egresados junto a sus compañeros y compañeras de clase. Además de la soledad que acompañó a nuestros abuelos y abuelas y nuestro propio sentir frente a la frialdad que nos genera el sostener determinados vínculos humanos por medio de las redes sociales. Extrañar las pastas y los asados de domingos, las salidas nocturnas, las plazas llenas de niños y niñas y a los seres queridos que nos dejaron en el transcurso del confinamiento y no pudimos despedir».

En este sentido, dijo, «la pandemia provocó un aumento de los niveles de angustia, de bronca, de fastidio que está vinculado con la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y de las trabajadoras, la inflación y la incertidumbre económica y sanitaria. Afortunadamente desde el gobierno nacional y provincial se han implementado medidas de incentivación al consumo y se ha privilegiado en todo momento la atención sanitaria de los argentinos y argentinas».

«Resulta fundamental hacernos lugar a los y las estudiantes, profesionales, trabajadores y trabajadoras de la economía popular, mujeres, hombres y disidencias que quieren crear nuevas formas de expresión y acción. Reconociendo las trayectorias de quienes siempre se mantuvieron del lado del pueblo y de quienes piensan la política como herramienta de transformación y no de supervivencia propia. Debe abrirse paso a la inclusión de nuevas generaciones que dialogan de manera distinta y que interpretan y crean de manera diferente», sostuvo la referente de Somos Barrios de Pie.

«Invito a pensar en la posibilidad de recuperar la épica de la sonrisa, de la alegría de encontrarnos en un hacer que es colectivo y que recupera los lazos humanos, en cada localidad y cada espacio público. Salir del esfuerzo que nos implica atravesar una pandemia mundial para darle abrigo a nuestros abuelos y abuelas, a nuestros hijos e hijas, salir a encontrarnos con nuestros vecinos y vecinas y nuestras mascotas. Volver a compartir y mantener la utopía de la justicia ambiental, feminista y participativa», cerró.