Los chorizos campeones

Antonio es carnicero en el bajo de San Isidro. Hace 50 años atiende en un local situado en Combate y Vuelta de obligado y Vicente López y planes (es justo esa esquina por eso) Cuenta que sus chorizos son los ganadores en las competencias vecinales. Varias generaciones siguen comprando en la carnicería que ya es un emblema del barrio.

Antonio Chorizos 1
Foto: Sissi Mausbach

Un ritual gana fuerza entre los vecinos del bajo de San Isidro. La parrilla dispone, y paladares de amigos, familiares del barrio y de afuera, que presumen experiencia, se arrojan sobre una nueva catación de chorizos. – Hasta ahora, este ganó todas las competencias—Me dijo Antonio el día que lo conocí. Iniciándome, con un cruce de manos, en lo que luego entendería como la ceremonia. 

Son las nueve de la mañana, las persianas despiertan en los comercios del barrio. Un tango algo roído baila entre la cierra que troza la carne para ese día. En esta intersección entre Combate y vuelta de Obligado y Vicente López y Planes se encuentra la carnicería de Antonio, ganadora en diversas competencias de asado por su aclamado chorizo de cerdo y panceta.

Antonio Perro Chorizos
Foto: Sissi Mausbach

Algunas plantas de interior sobre la heladera, un escudo de river, una figurita del Gauchito Gil para el buen augurio (regalo de un colectivero con quien, en otro tiempo, solía compartir los mates de fin de recorrido) su nota en el Clarín enmarcada; entre ganchos curtidos y balanzas colgantes se encuentra Antonio, vestido de clásico delantal blanco– El 6 de marzo se van a cumplir 50 años que abrí esta carnicería —Me dice, y estira una delgada sonrisa. Nacido en los bordes del prestigioso Tigre Hotel, desde pequeño Antonio salía con sus tíos a vender mercadería (carnes y artículos de almacén) en una lancha de reparto por los canales del Delta.– Ya desde esa edad con un primo mío empezábamos jugar con la media res. A los diez, once años ya estábamos practicando…así empecé –.

Pasa el tiempo, llega el servicio militar y con este la promesa de su padre, al concluir le ayudaría a poner su carnicería. Antonio detiene su mirada, la luz de tubo refracta en el húmedo de sus ojos y un suspiro deja escapar algo de historia.– En este lugar encontré lo que yo quería: un negocio que trabajara mucho. A los dos meses de abrir cumplí 22 años…hoy tengo 71. Por suerte siempre supe manejar bien el cuchillo y el trabajo…es por eso que estoy acá, y hasta ahora no me echaron –. Una picara risa quiebra su mirada.

“En este lugar encontré lo que yo quería: un negocio que trabajara mucho. A los dos meses de abrir cumplí 22 años…hoy tengo 71” 

— El barrio va rotando, como todo…pero me puedo dar el lujo de decir que tengo varias generaciones. A los primeros que les vendía ya tienen nietos, y ahora vienen ellos también -. Un perro se acomoda y Antonio le alcanza un trozo de carne. — Los chorizos siempre los hago de la misma manera.– ¿Viste la nota que tengo ahí? Esa me la hicieron en Clarín cuando cumplí 40 años con la carnicería. Los vecinos compraban los chorizos y los hacían competir con otros de Dolores, Navarro, y lugares aledaños. – Y bueno, hasta ahora los míos siempre salieron favorecidos –. Así como el ritual, la fama de sus chorizos se fue repartiendo de boca en boca, de asado en asado.– No es ningún secreto, es buena mercadería condimento y nada más –.

La gente comienza a amontonarse en la entrada… se aproxima el mediodía. Los autos frenan en la ochava y sus pasajeros descienden. Un nene juega a pesar las naranjas, mientras su padre espera para hacer el pedido. – Antonio, en vez de cinco me voy a llevar siete chorizos… se sumó gente al baile –Dice un hombre meciéndose en sus tobillos. Una mujer se acerca y pide una recomendación. El murmullo resuena en el – Buenos días – y los – Hasta luego — y — Gracias – de los que entran y salen. – Dele Antonio, apúrese que no tengo todo el día –Se oye desde el fondo en tono socarrón. Antonio, sin apurar el paso, vuelve a sonreír. Hay algo cómplice en esas miradas que sostiene el tiempo. Observo desde el blindex aquella escena, como si fuera un recorte de historia incrustado en el devenir de un pueblo. Una intimidad cotidiana que aún acaricia los rostros, algo endurecidos, por una época en donde prima lo impersonal.

La carnicería de Antonio está en la esquina de Combate Vuelta de Obligado y Vicente López y Planes, San Isidro. Su horario de atención es de lunes a sábado de 9 a 13 y de 17 a 20; y domingos de 9 a 13.