viernes, octubre 30, 2026
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Paracetamol, viagra e ibuprofeno: detectan altas concentraciones de medicamentos en el Río de la Plata y alertan por sus riesgos

Investigadores del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata analizaron siete cursos de agua que atraviesan zonas rurales y urbanas de la región metropolitana y desembocan en el Río de la Plata. Hallaron restos de paracetamol, ibuprofeno, clonazepam, sildenafil y otros fármacos en niveles considerados inusuales a escala internacional.

Un equipo de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional de La Plata llevó a cabo un estudio sobre la presencia de fármacos en cursos de agua del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Environmental Toxicology and Chemistry, distribuida por la Universidad de Oxford.

El trabajo se centró en siete afluentes del Río de la Plata que atraviesan sectores tanto rurales como urbanos: los ríos Luján, Reconquista y Matanza-Riachuelo; los arroyos Del Gato, Maldonado y El Pescado, en La Plata, Berisso y Ensenada; y el arroyo Espinillo, en Magdalena. Las muestras fueron tomadas en dos períodos distintos de 2022, uno durante el invierno y otro en el verano, lo que permitió observar variaciones estacionales.

Las conclusiones del estudio indican que en todos los cuerpos de agua relevados se encontraron concentraciones significativas de medicamentos. Las sustancias más detectadas fueron paracetamol, ibuprofeno, carbamazepina (utilizada como antiepiléptico) y metformina (indicada para el tratamiento de la diabetes tipo 2). También se hallaron niveles elevados de sildenafil (Viagra) y clonazepam, junto a una decena de otros fármacos.

Daniela Pérez y Pedro Carriquiriborde, investigadores del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM) e integrantes del equipo autor del estudio, destacaron que si bien en muchos países del mundo se han detectado fármacos en cuerpos de agua, lo que diferencia al caso argentino es la alta concentración de estos residuos y la persistencia con la que atraviesan los sistemas de tratamiento cloacal.

“Lo que observamos es que, cuanta mayor es la densidad humana en una zona, mayor cantidad de sustancias farmacológicas hay en el agua, independientemente de que haya plantas de tratamiento primario. Las plantas de tratamiento convencionales de tratamiento primario no son efectivas para eliminar el 100% de los medicamentos. Por eso, estas sustancias pasan a los cursos receptores, en este caso, el Río de la Plata”, explicó Carriquiriborde, quien es doctor en Ciencias Naturales, investigador del Conicet y especialista en contaminación ambiental y ecotoxicología.

Los investigadores atribuyen el origen principal de esta contaminación a los efluentes sanitarios y a los residuos domiciliarios que desembocan en arroyos y ríos. “Queríamos mostrar que el problema son principalmente las urbanizaciones sin servicios o sin servicios adecuados. De hecho, uno de los lugares donde encontramos mayor concentración de medicamentos fue en el Reconquista, en un punto de muestreo ubicado frente al Ceamse, por lo que entendemos que hay un grado de participación de los rellenos sanitarios en este tipo de contaminación. Un punto de alta contaminación por fármacos que nos sorprendió mucho fue en el arroyo Maldonado, que cruza por varios asentamientos donde muchas veces las personas tiran directamente sus efluentes al arroyo”, detalló el investigador.

El estudio también forma parte de un proceso de investigación más amplio que el equipo del CIM viene desarrollando desde hace una década. En 2022, los investigadores participaron de un proyecto internacional que comparó niveles de contaminación por medicamentos en ríos urbanos de más de cien países. En ese estudio, el único cuerpo de agua argentino analizado fue el Riachuelo, que posicionó al país en el puesto número 15 en el ranking de mayores concentraciones de fármacos en aguas superficiales, detrás de naciones como Pakistán, Bolivia, Etiopía e India.

A partir de esa experiencia, el equipo se propuso profundizar en el análisis regional. Las muestras del último estudio fueron tomadas en diferentes puntos de cada cuenca, lo que permitió comparar tramos rurales con tramos urbanos. En zonas rurales, se detectaron entre dos y tres fármacos por muestra; en cambio, en zonas urbanas se hallaron rastros de prácticamente los 16 medicamentos analizados. “A medida que aumenta la cantidad de habitantes, también lo hacen el número y las concentraciones de este tipo de sustancias químicas”, concluye el informe.

Uno de los hallazgos que más llamó la atención de los investigadores fue la alta presencia de paracetamol. “Es el medicamento que tiene mayor concentración promedio en el agua testeada. Esto tiene que ver con el consumo de la población. Por ejemplo, en la Argentina no se encuentra en el agua tanta fluoxetina, que es un antidepresivo, como en Canadá y Estados Unidos, pero se encuentra más sertralina, que es otro tipo de antidepresivo. Acá el clonazepam, por ejemplo, aparece más que en otros países del mundo donde quizás ya han reemplazado el consumo de esta droga por otra”, explicó Carriquiriborde.

Además del factor cultural vinculado al tipo de medicamentos consumidos en cada país, los investigadores observaron una relación entre la época del año y la presencia de ciertos fármacos. Por ejemplo, en las muestras tomadas en verano se detectó una mayor concentración de sildenafil (Viagra), lo que podría estar asociado a un incremento de su uso en esa estación.

Consultados sobre el posible impacto en la salud humana, los especialistas aclararon que no analizaron agua potabilizada, por lo cual no es posible establecer riesgos directos. “En principio, yo estimaría que el impacto es nulo”, señaló Carriquiriborde. Sin embargo, indicó que sí pueden esperarse efectos sobre la fauna y flora acuática de los cursos de agua relevados.

“Hay lugares en que tomamos muestras, como los últimos puntos del Reconquista y el Riachuelo, donde casi no hay plantas ni animales. Parecen canales muertos. Es producto de estos y de muchos otros contaminantes. Con nuestros desechos vamos matando a esos arroyos, que dejan de prestar los servicios que le prestaban a los seres humanos, como fuente de agua potable y como lugar recreativo para la sociedad. Estos arroyos urbanos se van convirtiendo en cloacas a cielo abierto. En el Matanza-Riachuelo hay una sola especie de peces, cuando en ríos similares tenés hasta 24 especies”, agregó.

Sobre las posibles medidas para mitigar esta contaminación, Carriquiriborde consideró: “Se podría fomentar la devolución de fármacos vencidos en lugar de tirarlos al tacho. También sería bueno que se hagan obras de infraestructura de red cloacal y que lleven los residuos cloacales a plantas de tratamiento con tecnología que pueda eliminar fármacos”.

Finalmente, los investigadores del CIM expresaron su expectativa de que el informe contribuya a que las autoridades y organismos responsables tomen conciencia de la situación de los ríos y arroyos de la región y actúen en consecuencia. “Se trata de comprender que lo que ingerimos y descartamos no termina su ciclo en el inodoro o en el tacho de basura, sino que va a algún sitio, y por lo general es el agua o la tierra, y esto es algo que afecta al ambiente y por ende a todos los seres vivos”, concluyó Daniela Pérez.