La Central Térmica Matheu III, ubicada en Villa Rosa, en el límite entre los partidos de Pilar y Escobar, dejará de funcionar de manera definitiva. La empresa SCC Power informó la rescisión del contrato de abastecimiento eléctrico de la planta y confirmó el inicio del proceso de desmantelamiento, una decisión que marca el cierre de uno de los conflictos ambientales más prolongados y controvertidos de la región.
La novedad fue comunicada oficialmente el pasado 20 de mayo a la Bolsa de Comercio. Según explicó la compañía, la decisión se adoptó luego de realizar un análisis técnico, operativo, regulatorio y económico que concluyó que la continuidad del emprendimiento era “estructural y económicamente inviable” en su ubicación actual.
Entre los factores que influyeron en la determinación aparecen las restricciones impuestas durante años por el Juzgado Federal de Campana, que únicamente permitió el funcionamiento de la central mediante autorizaciones excepcionales y bajo estrictas condiciones. La última de esas habilitaciones venció el 5 de mayo de este año.
La historia de la termoeléctrica se remonta a 2017, cuando la entonces empresa Araucaria Energy concretó la instalación de la planta en Villa Rosa durante la gestión del exintendente de Pilar, Nicolás Ducoté. Su desembarco fue posible luego de un controvertido cambio de zonificación aprobado por el Concejo Deliberante de Pilar, que modificó áreas originalmente residenciales para habilitar usos industriales. La medida generó fuertes cuestionamientos desde distintos sectores políticos y sociales.
Desde el inicio, vecinos de Villa Rosa, Matheu y localidades cercanas, junto a organizaciones ambientalistas, manifestaron su rechazo al proyecto. Los cuestionamientos también alcanzaron a otra central termoeléctrica instalada en la zona, APR Energy, que dejó de operar años atrás.
Los reclamos apuntaban principalmente al elevado consumo de agua subterránea, la posible contaminación por efluentes industriales, la emisión de gases producto del funcionamiento de las turbinas, el almacenamiento de combustibles y los niveles de ruido generados por la actividad de la planta en cercanía de áreas residenciales.
La oposición vecinal derivó en presentaciones judiciales que terminaron involucrando a la Justicia Federal de Zárate-Campana. A partir de esas acciones, las operaciones de la central fueron suspendidas, aunque posteriormente la empresa logró mantener períodos de funcionamiento intermitente mediante distintas resoluciones administrativas y judiciales.
El conflicto alcanzó uno de sus puntos más importantes en diciembre de 2020, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto un fallo que había habilitado el funcionamiento de las centrales instaladas en la zona. En aquella resolución, el máximo tribunal consideró que no se había evaluado de manera suficiente el posible daño ambiental ni el impacto acumulativo que podía generar la presencia de varias plantas termoeléctricas en el mismo sector. El fallo fue interpretado por los vecinos como un respaldo a los reclamos que venían sosteniendo desde años atrás.
Durante todo ese período, las organizaciones vecinales mantuvieron movilizaciones, presentaciones administrativas y campañas públicas para exigir el cierre definitivo de la planta, convirtiendo el caso en uno de los principales conflictos ambientales del distrito.
Cómo será el desmantelamiento de la central eléctrica
El cierre definitivo de la central no será inmediato. En marzo de 2025, SCC Power había presentado un plan de desmantelamiento dividido en tres etapas, cuya ejecución demandará al menos dos años. La primera fase contempla el retiro completo del sistema de combustibles líquidos, incluidos cuatro tanques de almacenamiento, además de la demolición de estructuras civiles y el retiro de escombros. Esta etapa tiene un plazo estimado de seis meses.
Posteriormente se avanzará con el desmontaje de las turbinas y de los sistemas asociados a la generación eléctrica. Estos trabajos podrían extenderse durante unos 24 meses. La etapa final prevé tareas de recuperación ambiental del predio mediante un plan de reforestación y parquización.
Respecto del destino de los equipos, la empresa evalúa distintas alternativas, entre ellas la relocalización de las turbinas en nuevos proyectos energéticos, la participación en futuras licitaciones del sector o la venta de componentes en mercados internacionales, donde existe demanda para este tipo de tecnología.
La salida definitiva de Matheu III también plantea interrogantes para el sistema energético. La central aportaba energía al nodo de 220 kV de Matheu, considerado estratégico para el abastecimiento del norte del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Además de contribuir a la demanda residencial e industrial de la región, la planta cumplía una función de respaldo ante eventuales inconvenientes en otras instalaciones de generación o transporte eléctrico. Con el cierre ya confirmado, CAMMESA y las autoridades energéticas nacionales deberán garantizar que la infraestructura existente pueda absorber la salida de servicio de la central sin afectar la calidad ni la continuidad del suministro.
Mientras tanto, para los vecinos que durante años impulsaron reclamos administrativos, movilizaciones y acciones judiciales, la decisión representa el desenlace de una lucha que comenzó con la llegada de la termoeléctrica en 2017 y que, casi una década después, concluye con el anuncio de su desmantelamiento definitivo.



