Desde el Hincha. Fecha 8: La fidelidad del perro

perro en la tribuna
perro en la tribuna

SÓLO TIGRE | El partido del Matador desde la mirada del hincha. Por Juan Carlos Dall’Occhio.

 

Que se entienda, seguir a Tigre a todos lados, como a cualquier otro equipo del fútbol argentino, hoy es imposible… o no tanto, pero para hacerlo hay que ingeniarselas mucho y resignar más. No se puede ir en grupo, no te venden entradas en todas las canchas (y las plateas son caras), no se pueden gritar los goles, no te podés llevar la camiseta de cábala, hay que tener la guita para los pasajes, dormir en las plazas o en las terminales y andar solo, solo entre las sombras de los locales, solo detrás de los colores del rival que si se enteran que somos de la contra, mejor pirar rápido para otra pampa.

Pero antes de la prohibición, antes de la ley seca del fútbol sin visitante, estos dos personajes, que seguro muchos conocen, ya iban a todas las canchas a ver a Tigre. En la B, en la A, en el Nacional… ellos son Pablo y Fabián, nombres asociados al Matador de antaño, hombres del pasado y del presente que han pasado por muchas instancias del Mundo Tigre, y que hoy se las ingenian con su experiencia bien ganada para sortear las canchas del fútbol argentino y seguir al Glorioso Matador a todos lados con la fidelidad del perro.

El domingo pasado en San Juan, ellos estaban, claro que sí. Arrinconados en la platea junto a un amigo de turno, el perrito Grido (foto) que los recibió en la terminal cuyana y los acompañó todas las horas que estuvieron en la provincia. Fabián había llegado bien tempranito para ver el partido de reserva, que ganó el Matador 1 a 0 en la caucha auxiliar del verdeinegro. Pablo se hizo presente cerca del mediodía. Se encontraron, se abrazaron, sin ningún sobresalto, pues no era la primera vez que estaban ahí juntos.

Se pasaron la tarde paseando por la ciudad con Grido detrás. En la Plaza 25 de Mayo, pateando por la peatonal nueva, surcando los negocio de la Libertador y la avenida Central, compartiendo unos mates por la esquina de la Santa Fe y Catamarca. Charlaron sobre el partido, revisaron las estadísticas, leyeron las formaciones y recordaron cada detalle de las visitas. “Blengio hoy juega su partido 297”, dijo Pablo sin dudar “ya avisé a la comisión”. Unas horas antes del partido, sigilosos por la calle Mendoza bajaron hasta el barrio Constitución y se inmiscuyeron en el Pueblo Viejo entre el verdeinegro local para representar al matador en la tribuna, para representarnos a nosotros, para que los ojos de un par de hinchas genuinos sean testigos de lo que acontezca aquella noche de luna llena.

Pablo no puede dejar de ir a ver a Tigre. Es una promesa con la vida, un compromiso infranqueable con su pasión, como un destino inalterable. Que se entienda, no lo hace irresponsablemente ni es un magnate que se patina la guita; él se rompe el culo laburando de lunes a viernes, se encarga de la contaduría de su empresa, soberano absoluto de sus tiempos por su buen desempeño como contador sin haber pisado la universidad, nadie le cuestiona si tiene que faltar al laburo por Tigre “simplemente aviso, el lunes no voy” y todos entienden el porqué. Fabián es fanático de la fotografía y de los perros, labura como preceptor y juntando y ahorrando la moneda todas las semanas, hace el esfuerzo de recorrer las canchas con su cámara y ver lo que los otros no ven. Y así van juntos, a veces con algún compañero más, batuta dulzona y distante… San Juan, Mendoza, Misiones, Temperley, Arsenal, Racing, River, Boca…

Que se entienda, Pablo y Fabián no son dos personas que levantan la bandera del “yo voy a todos lados porque me la banco y vos no”. Se negaron a que publique sus fotos. No, nada que ver, perfil bajo, humildes, apasionados, con la fidelidad del perro, compañeros que saben que cuando juegue Tigre, el corazón va adelante.