Por Brian Pizarro
En 1994 recibíamos a Almagro en San Martín. Ambos equipos salieron a la cancha con camisetas del mismo color. Ante esto, los jugadores funebreros se acercaron a la popular local y les pidieron a sus hinchas camisetas tricolores para poder disputar el encuentro. Ese acto de fidelidad hizo que hoy, 32 años después, festejemos el Día del Hincha de Chacarita.
Aquel partido lo ganamos 3-2 y no triunfamos solamente contra Almagro, también conseguiríamos el ascenso a la B Nacional después de ganarle la final a Tigre en la cancha de River. A esa primera alegría le seguiría, años después, el ascenso a Primera en 99 contra Juventud Antoniana de Salta. Y supimos mantenernos en la máxima categoría hasta 2004.
En aquel 26 de marzo de 1994 no hay solamente una anécdota colorida sino también un gran simbolismo. Los hinchas revoleando camisetas a sus jugadores sintetizan perfectamente un gran valor y, al mismo tiempo, un gran inconveniente que tiene Chacarita. Cuando la dirigencia falla al gestionar la institución, los únicos que estamos para defender al club somos los hinchas.
Después de ese victorioso 1999, las alegrías funebreras fueron pocas. Los ascensos del 2009 y 2017 fueron tan fugaces que no hubo mucho tiempo para disfrutarlos como lo merecemos. Y si a esto le sumamos los incontables problemas económicos e institucionales a los que tristemente nos hemos acostumbrado a lo largo de los últimos 25 años, vemos que ya no somos el club que solía pelear por ser considerado como el sexto grande del país.

Enfrentarse a la realidad es siempre difícil, pero hoy Chacarita no se codea con los grandes. Nuestra ausencia en la máxima categoría hizo que demos muchos años de ventaja y que clubes que eran muy inferiores a nosotros hoy nos estén alcanzando. Pero lo que es peor, ni siquiera estamos cumpliendo con lo mínimo e indispensable que debemos exigirle tanto a los jugadores como a los dirigentes, que es la de pelear por un lugar en Primera.
El piso de nuestra institución es jugar en la máxima categoría, pero en los últimos seis años peleamos un solo campeonato. Clasificamos sólo al Reducido en el 2023 y perdimos en la primera ronda a pesar de tener ventaja deportiva. Nadie niega que la actual Primera Nacional es, por escándalo, el campeonato más difícil del fútbol argentino. Pero es inaceptable ni siquiera luchar por ese lugar en Primera que nos corresponde históricamente. Sobre todo sabiendo que hay 30 equipos en la Liga Profesional, que es mucho más fácil quedarse en Primera que descender y vemos los fines de semana equipos que no pueden llenar su cancha de local.
Mientras nuestros rivales festejan, nosotros seguimos aferrados a los recuerdos que nos hacen remorar nuestra indiscutible grandeza. Pero si no tenemos nuevas hazañas para contar, tarde o temprano vamos a vivir solamente de las historias de antaño (cosa que nos está empezando a suceder).
Como hinchas, nosotros cumplimos nuestra parte. Llenamos la cancha todos los domingos, pagamos la cuota y nos encargamos de defender a Chacarita en todos los lugares que habitamos. Ahora les toca cumplir su parte a los que toman decisiones adentro y afuera de la cancha. Los jugadores y el cuerpo técnico tienen que entender que a lo mínimo que aspira este club es a jugar en Primera y los dirigentes, por su parte, tienen que ser conscientes de que esta situación no se aguanta más.

Así como en el 94 entregamos nuestras camisetas a los jugadores, nuestro deber como hinchas del siglo XXI es exigir que Chacarita crezca en todo sentido. Desde terminar la construcción del estadio hasta que se profesionalice cada área del club. Pero la única forma de lograr esto es volviendo a Primera. No solamente porque los ingresos económicos en esa categoría son mayores, sino también porque no se puede crecer institucionalmente si al mismo tiempo no honramos la grandiosa historia de este club.
Durante todo este 26 de marzo vamos a festejar nuestra identidad como hinchas. El club va a realizar actividades en donde esta celebración tendrá carácter institucional. Pero también debemos entender que no estamos festejando ser sufridos ni tampoco de estar siempre en las malas. Ya no alcanza solo con la cultura del “aguante”. Lo que festejamos hoy es el hecho de ser hinchas de uno de los clubes más importantes del país y que, como tal, somos demasiado grandes como para estar viviendo este presente.



