Gorosito: “Me tengo una fe ciega”

En un interesante mano a mano, el técnico hablo de todo: el barrio, el cambio del equipo, los "10", el partido con Racing.

(Foto JUAN MANUEL FOGLIA - Clarín)

Por Daniel Avellaneda para Clarín

La señora del pulóver colorado detiene su marcha cuando observa la ensortijada cabeza de Pipo“¿Le vamos a ganar a Racing?”, pregunta, casi suplicando. En simultáneo, sobre la avenida Presidente Perón, un camionero aprovecha la luz roja del semáforo, toca bocina y repite: “¿Le vamos a ganar a Racing?”Néstor Raúl Gorosito sonríe, levanta el pulgar y contesta: “Vamos a hacer todo lo posible”. Y todos se quedan tranquilos en Victoria.

A fin de cuentas, el técnico de 54 años volvió a Tigre para dar la cara por el barrio. “Porque acá, en San Fernando, yo conozco al que tiene la náutica más grande y al que vende compacts truchos en Virreyes. Tengo la suerte de ir a comer a la casa de un tipo que tiene cuatro empleados o a la de otro que vive sobre un piso de tierra. Y no me diferencia nada. Si nací en Carupá, que era un desastre cuando yo era chico. Dormía con mi abuela en una sola habitación, el baño estaba en el fondo… Hasta que mi viejo, que era un mozo muy laburador, empezó a trabajar en SEGBA. Entonces, mejoramos”, cuenta mano a mano con Clarín.

Así es Pipo, bautizado Néstor Raúl y apodado como Rossi, aquel volante de la Maquinita de River, admirado por su padre. Frontal, como en sus tiempos de jugador. Vecino del José Dellagiovanna, líder de un equipo que buscará el milagro de la permanencia justo ante la Academia“Me tengo una fe ciega”, dice.

-¿Cómo hiciste para que un equipo desahuciado se despojara de las inhibiciones y jugara bien al fútbol?

-Al principio, todos mis amigos me decían:“Vos estás loco”. Cuando llamé a (Gustavo) Zapata, Cacho (Borelli) y el profe, ellos no estaban convencidos de agarrar. “Pipo, prácticamente está descendido”, me decían. Nos llevaban siete partidos. Y yo les contesté: “Vamos a animarnos que hay muy buenos jugadores, total no todo está perdido”. Asumimos y planteamos las cosas claras. Considero que el fútbol es mucho más sencillo de lo que lo quieren hacer ver. No es una ciencia oculta o una fórmula química. Es reiterar movimientos, encontrar funcionamiento. Ganamos tres de visitante (Central, Vélez y Talleres), a Patronato y nos costó con Unión. Después, tenía la ventaja de haber hecho debutar al Marciano Ortiz y a Luquitas Menossi; a Lucas Janson lo impulsé yo, al Pato Galmarini lo había tenido en mi otra etapa en Tigre y Walter Montillo fue la revelación cuando dirigí San Lorenzo. A (Gonzalo) Marinelli lo hice atajar en River, a (Ignacio) Canuto lo tuve en Argentinos. Entonces, cuando tenés un grupo que te conoce, quemás una etapa.

¿Querés recibir las noticias del Matador en tu whatsapp gratis?

-Dirigiste grandes enganches, un puesto que conocés bien, entre ellos Juan Román Riquelme y Pipi Romagnoli. ¿Cómo lograste relanzar a Montillo para que se transforme en una de las figuras del campeonato?

-Walter y Cachete Morales jugaban por los costados. Pueden hacerlo porque son muy buenos futbolistas, pero a ellos les vamos a sacar más provecho como enganches. Nosotros tratamos de darle prioridad a eso, que les llegue la pelota limpia para que puedan hacer la diferencia en tres cuartos hacia adelante. Montillo fue figura en Brasil. Y jugar allá de “10” allá no es para cualquiera. Se convirtió en ídolo de Cruzeiro.

-¿Demostraste que no está muerto el enganche en el fútbol argentino?

-En Chicago, el primer equipo que dirigí, quería jugar 4-3-3 y terminé con un 4-2-3-1, jugando con Amaya de enganche. Mientras sumes más jugadores con buen pie, menos posibilidades tenés de perder la pelota porque eligen mejor. Montillo tiene la libertad de jugar libre, pero con la obligación de colaborar y retroceder.

-¿Hay que rescatar al viejo “10”, entonces? Muchos equipos prescinden del enganche y se inclinar por el doble cinco. ¿No abundan jugadores de esas características?

-Hay “10”, claro que sí. El tema es que con el bendito equilibrio que tanto hinchan (sic), Dani Alves y Jordi Alba nunca hubieran jugado de laterales en la Argentina; habrían sido carrileros. Iniesta y Xavi no hubieran sido “8”; acá se habrían desempeñado como enganches o segundos delanteros. El equilibrio te lo da un funcionamiento, no poniendo más volantes defensivos que ofensivos.

-Muchos equipos no se animan a jugar con un solo volante central o apuestan a un doble cinco con marca para no perder el equilibrio y se debilitan la elaboración.

-Todo es relativo. En nuestro país dirían que Busquets es lento. Y es el jugador más ligero que existe desde lo mental. El “5” la tiene que tocar una o dos veces la pelota y eso es lo que lo hace más ágil a un equipo.

-Se viene Racing, que puede ser campeón en Victoria. ¿Es el peor rival que te podía tocar?

-Racing tiene jugadores de mucha jerarquía: Licha, Cvitanich, Zaracho… Por algo está primero desde la cuarta fecha con un rendimiento muy bueno y un funcionamiento atildado desde hace un año. Pero nosotros también jugamos bien. Si contamos desde que llegué, Tigre sería el otro líder con 13 puntos sobre 15. Hasta hicimos más goles que ellos. Respetamos a Racing, pero necesitamos ganar. Y no vamos a cambiar nuestra idea.

-¿Qué imaginás de ese partido?

-Uno tiene claro el funcionamiento de Racing: abren los centrales, se mete Díaz en el medio, rompe Zaracho, pone los interiores a espaldas de los tuyos, busca a Lópezy Cvitanich para que aparezcan los de afuera vacíos, cabezazo de Donatti y Sigali, cubre bien y fabrica faltas Cvitanich cerca del área… Ellos tienen cosas muy buenas, como nosotros. En el pizarrón, los dos vamos a ganar el partido. Después, hay que ver. Contra Unión, trabajamos toda la semana con el contragolpe de Zabala y Fragapane y la pelota parada y nos hicieron dos goles por esas vías. Por eso es tan lindo el fútbol, porque no es previsible.

-Hablás de la jerarquía de uno y otro. ¿Notás mucha distancia ahora que estás de este lado del mostrador?

-Hay una enorme diferencia de los más grandes con los más chicos. Nosotros tenemos jugadores muy buenos, pero que se haya armado un torneo de 30 equipos es una barbaridad. En el mundo no hay un campeonato así. Entonces, el nivel es bajo. Jugar al fútbol en Argentina es como vivir o manejar: imposible. En Europa es mucho más fácil. Afuera nadie te choca ni te golpea. Acá tenés que dar 40 vueltas para entrar el auto al garaje, revisar si no te copiaron la tarjeta cuando pagaste la cuenta en el restorán… Yo soy cero política, no me importa el Gobierno pasado ni este; pero se perdió mucha calidad de vida.

-¿Hay que ser más ingenioso en los clubes chicos?

-¿Qué dijo Guardiola? Que seguramente no va a ser campeón cuando dirija un equipo chico, pero va a dejar una identidad, van a respetar su forma. El director de la orquesta es importante, pero en su justa medida. Y si no, contratá al mejor, pero dale unos tachos para que toquen los intérpretes y vas a ver qué sale.

-Sos un técnico de 54 años. Hubo un gran recambio de entrenadores jóvenes. ¿Pesa la edad a la hora de dirigir a las nuevas generaciones?

-Los entrenadores actuales dicen que hay que llegarles a los jugadores con otro léxico porque son de otra generación. Yo tengo 6 hijos, 4 de primer matrimonio. El más grande tiene 30 años, el más chico, 24; de mi segundo matrimonio, tengo a Lara de 13 y a Coco de 12. Y no les busco un papá de 25 años para que me los críe. Lo hago yo con los mismos valores que eduqué a mis hijos más grandes. Entonces, ¿por qué al jugador voy a hablarle de otra manera? Es todo una mentira. Lo que pasa es que la gran mayoría que instaló esto hizo lobby o no hubieran dirigido en Primera porque nunca jugaron a la pelota. Capaz que son recontra capaces, pero le hicieron creer a la gente que hay que estar 24 horas pensando en fútbol.

-¿Y vos no sos obsesivo?

-Te tenés que dedicar el máximo tiempo posible, pero la vida tiene hijos, familia, amigos, paseos… Si no, sos un extremista. Hay técnicos que se quedan a dormir en el club para que los dirigentes digan que trabajan un montón y sólo venden humo. Se hace todo para que lo vea el otro, no para que enriquecer el jugador.

-¿De quiénes hablás?

-No voy a mandar en cana a nadie.

-Dirigiste a Eduardo Coudet en San Lorenzo, ¿le conocés las mañas?

-Lo enfrenté una vez. El dirigía Central; yo, Argentinos. Me ganó. Pero ni de casualidad pensé que Chacho iba a ser técnico. No porque no tuviera capacidad, sino por su histrionismo. Es buen pibe y quiero que le vaya bien.

-¿Y cómo te fue contra Racing?

-La verdad, no tengo idea. Me preguntás ahora cuántos partidos y goles hice en mi carrera y no lo sé. (Juan Manuel ) Lillo tiene razón: “Las estadísticas son como las tangas de las mujeres; te muestran muchas cosas interesantes, pero no lo importante”.

La pelota, ese juguete que no puede largar

El accidente que sufrió en febrero de 2012, cuando dirigía Argentinos, fue una bisagra en su vida. Aunque confiesa: “En el momento de la recuperación era Víctor Sueiro: Ondas de amor y paz. Después, me metí en el quilombo de nuevo”.

Y cuenta que nunca dejó de ser jugador: “Soy un enfermo de jugar a la pelota, lo hago en el Senior de San Lorenzo. Llego dos horas antes todos los lunes por las dudas de que se me rompa el auto. Los viernes juego al baby en el club Solís, tengo un equipazo. Puedo tener un cumpleaños, un bautismo, un casamiento, que me voy a jugar a la pelota. Rozo el pelotudazo (sic), pero es más fuerte que yo”.