Por Ivo Sokiransky Ammann*
La política parece haber dejado de ser un espacio de expectativas para una buena parte de los jóvenes argentinos. Según una encuesta de la consultora Zuban Córdoba realizada a personas de entre 17 y 30 años, el 77% dice que la política le genera emociones negativas. Esto es: apenas uno de cada cinco jóvenes (20,8%) expresa sensaciones positivas. El pequeño porcentaje restante, respondió que no sabe qué tipo de sentimientos le genera.
El dato no sorprende por sí solo, pero adquiere mayor fuerza cuando se contrasta con cómo leen hoy el funcionamiento general del país. Refleja un presente que venimos viviendo desde siempre, debido a los tantos y variados gobiernos deficientes. La política se asocia a la corrupción y al abuso de poder.
“Durante años hemos advertido a la política que tratar a la juventud desde un lugar de jerarquía, menospreciando sus intereses e identidades, sólo podía conducir a un divorcio entre este segmento y las élites políticas”, explicaron desde la consultora en su informe.
Desconfianza extendida: los partidos, los sindicatos y los medios, entre los menos creíbles
El estudio también midió la confianza en diferentes instituciones. Allí se observa un patrón claro: las instituciones políticas tradicionales están entre las peores vistas por el ojo joven: un 79% desconfía de ellas.
Si bien los partidos políticos apenas alcanzan niveles mínimos de confianza, los sindicatos también comparten una desconfianza del 79% y los medios de comunicación se ubican en un 75% de descreimiento. Se suman los influencers y el Congreso de la Nación.
Esta situación convive con un leve refugio en espacios que, para las nuevas generaciones, aparecen más cercanos o transparentes: universidades, colectivos ambientalistas, organizaciones civiles. Lugares donde, al menos, sienten que hay reglas más claras y menos disputas de poder.
La violencia política: otro desánimo juvenil
El malestar no se explica solo por la distancia con la dirigencia. Una parte importante de la juventud percibe que hay más violencia política que antes. El 47,7% cree que aumentó en comparación con gobiernos previos, mientras que solo un 8,1% considera que disminuyó. Un 35,9% percibe que no hubo cambios respecto a eso.
Esto se refleja en sus preocupaciones cotidianas: el 45,7% afirma que la violencia política le preocupa mucho y un 23,7% reconoce que le preocupa bastante. No es un dato menor: habla de una generación que observa el debate público como un terreno de conflicto permanente, más cercano a la agresión que a la discusión.
Una relación que no es desinterés: es desgaste
El estudio no muestra jóvenes desconectados con la realidad del país, sino jóvenes agotados. Hartos de promesas incumplidas, discursos agresivos y peleas que no resuelven lo básico. Hoy en día la política está más centrada en humillar y encontrar culpa en el otro por diferencias de partido, ideología, etc., que en asumir la responsabilidad propia y llevar el país adelante.
La política aparece como un espacio que debería ordenar, pero que muchas veces multiplica la incertidumbre y esa percepción se expresa emocionalmente a través del rechazo y el cansancio a lo tradicional de la política.
*Estudiante de la Goethe-Schule. La nota fue escrita en el marco de las pasantías profesionales de la institución en convenio con Que Pasa Web.



