Jugando al corte: Posse con Scioli, Garcia con Macri

ELECCIONES 2015. Los dos dirigentes que mas años gobernaron distritos de la región salieron esta semana a buscar los votos fuera de su frente electoral.

 

 

Gustavo Posse en San Isidro y el Japonés Enrique García en Vicente López salieron en estos días a buscar el voto de vecinos que no acompañarán a las formulas nacionales y provinciales de los frentes en los que se presentan.

En una práctica muy conocida, sobre todo por estos dos políticos que han sabido mantener sus poder territorial atravesando distintos escenarios en el orden nacional, han puesto a su militancia a repartir boletas induciendo un corte, con candidatos que presumen tendrán una buena elección en sus territorios.

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En San Isidro, Gustavo Posse repartió la boleta sábana del FPV que encabeza Scioli, sin el candidato local (Santiago Cafiero), y acompañándola con la suya. Junto a la boleta, una carta con membrete Sciolista donde se presenta a Posse como quien ha “gobernado para  los que menos tienen” y quien mejor ha defendido “nuestras banderas” (las del peronismo). Una curiosidad adicional, Posse ha elegido a Julián Domínguez dentro de la caliente interna provincial del FPV.

IMG-20150805-WA0024En Vicente López, el Japonés volvió a las pistas con todas las mañas y la osadía de buscar el corte de un candidato nacional que lleva el mismo apellido que su rival a nivel distrital. Así repartió su boleta junto a la de Mauricio Macri. La carta japonesista no apeló a la trampa del possismo de San Isidro, no se presentó con ningún membrete, si una gráfica (foto) y simplemente invitaba a reflexionar sobre la posibilidad de elegir diferenciadamente en la nación y en el distrito.

Por conocida, esta práctica del corte inducido, no deja de generar malestar en los referentes que se ven perjudicados. En San Isidro el perjudicado directo es el candidato del FPV, Santiago Cafiero. En Vicente López, la excentricidad Macri-Garcia genera malestar en el kirchnerismo, que aceptó incómodamente al Japonés como forma de asegurarse un piso de votos, con la mirada más puesta en lo nacional que en lo local. Porque esta “picardía” implica necesariamente realizar campaña por el rival y repartir su boleta… lo cual se lee sin duda como una forma de deslealtad.