Millonario es Tigre

Una nueva columna del hincha para emocionarse

Por: Juan Dall’Occhio

 

Muchas Gallinitas han intentado minimizar este partido que durante meses trataron de seguir postergando para evitar la derrota. Aquí les contamos porqué Tigre no solo es grande a nivel Nacional, sino que su rol histórico fue fundamental para la aparición de grandes jugadores de fútbol mundial… como la de Bernabé Ferreyra, que le valió el apodo ni más ni menos que a River.

Rufino. Un pueblito que está en la puntita de esa bota que dibujan los límites de la provincia de Santa Fe, casi como una piedrita que de puntin se la puede mandar a Córdoba. Allá por febrero de 1909 nacía un pibito, en un hogar humilde, de pava al fuego, de bracero a leña de lata para atravesar los crudos inviernos de la cuenca del Paraná. Allí se crío este pibe, fue creciendo con mañanas de hollín en la nariz, negruzcos sus cachetes, el sonido del mortero cuando la vieja se ponía a cocinar. Un pibe que cuando no estaba ayudando a su viejo en el campo, estaba pateando la pelota en algún potrero con los otros pendejos. Aprendió a jugar al fútbol en las historias que le contaba su abuelo sobre sus hazañas en la cancha antes de venirse para la América. No tardó en meterse entre los cachorros del Jorge Newbery de Rufino, adonde lo llevaron sus hermanos mayores que allí jugaban. A los 15 años ya estaba en el equipo de primera del club sorprendiendo por sus goles. Pero este pibe todavía no soñaba con ser jugador de fútbol, aceptaba su habilidad solo si disfrutaba de los gratos momentos que te da el juego. Por eso no le costó dejar su club cuando a su hermano mayor lo trasladaron a Junín, y de metejón al pibe le ofrecieron pintar en los talleres del ferrocarril. En la liga juninense las cosas no era más profesionales que en su pueblo, pero se sabe que un domingo 9 de octubre de 1927 se jugaba la final y a uno de los equipos se le habían ido los delanteros para Buenos Aires, y como la fama de este joven entre los ferroviarios ya era grande, lo fueron a buscar enseguida. Debutó y se retiró de la liga luego convertir el único gol del partido que le dio el triunfo a su club. Su nombre empezaba a resonar en las grandes ciudades santafesinas, pero fue Alberto Monge, un buscador de talentos, que un día le propuso ir a jugar al Club Atlético Tigre. El pibe dudaba, que le paguen por pintar los ferrocarriles era suficiente para pasarle a su vieja, y el fútbol lo disfrutaba así, amateur como en su pueblo, como en su vida. Sin embargo, la insistencia de su hermano torció el destino para siempre. Viajó a Buenos Aires, se instaló en una casita junto al río Roconquista, con bracero de lata a leña y pava al fuego. Lo visitaban seguido sus viejos y se perdían las tardes caminando por las márgenes del río. En su primer partido en primera, Tigre ganó con cuatro goles suyos. “El Mortero de Rufino”, lo llamaron los aficionados por la gran potencia de sus pelotazos que alcanzaban una velocidad de 200 kilómetros, “la fiera” por su espíritu de lucha que le enseñó a su abuelo tan golpeado por las incidencias de la historia socio política. De a poco se convirtió en un orgullo de todos los hinchas de Tigre, un crack desde las filas tigrenses que al fútbol fue, en las décadas de los 20 y 30, lo que Diego Armando Maradona en los 80 y 90. En abril del 31 se recuerda un partido en la cancha de Boca en el cual Tigre iba perdiendo por dos goles con San Lorenzo de Almagro, y faltando 10 minutos de juego el joven de Rufino hizo tres goles. Desde ahí siguió su racha: en 13 partidos metió 19 goles para quedar grabado en la memoria de todos los hinchas Tigrenses y que lo hicieron conocido en el mundo del fútbol. Hasta acá la historia de este joven ya es grande. Finalmente, en 1932, River Plate, le pagó a Tigre casi cuarentamil pesos por el Mortero de Rufino, la cifra más alta hasta ese momento por el pase de un jugador en el fútbol mundial. El Joven dejó su casa en el Tigre, se despidió de sus hinchas que lo despidieron a coro: Bernabé Ferreyra, Bernabé Ferreyra, Bernabé Ferreyra. Por esa transferencia, a River le empezaron a decir “Millonario”, y el gran mentor histórico del apodo fue del gigante de la zona norte del fútbol argentino, el Club Atlético Tigre.