Piden que vaya a juicio la banda que cocinaba droga en Vicente López

El fiscal federal Taiano acusó a los nueve detenidos de integrar una organización que fabricaba pastillas de éxtasis en Olivos, que luego vendían en fiestas electrónicas o en megafestivales.

 

Cuando cayeron, el 17 de marzo pasado, se aprestaban a inundar con pastillas de éxtasis el festival Lollapalooza. Ahora, si prospera el pedido del fiscal federal Eduardo Taiano, es posible que la banda que fabricaba la droga sintética en una “cocina” de Olivos esté sentada en el banquillo de los acusados en un juicio oral mientras el rock y la música electrónica atruenen en la próxima edición del megaconcierto, en el Hipódromo de San Isidro.

En su requerimiento al juez federal Sergio Torres, el fiscal consideró que en la investigación se recogieron pruebas suficientes como para dar por hecho que los nueve acusados integraban una organización dedicada a fabricar éxtasis y venderlo en boliches porteños y fiestas electrónicas privadas en el área metropolitana a través de dos cadenas de comercialización.

El caso se conoció oportunamente como el “Breaking Bad argentino”, especialmente porque en el momento de ser detenido, uno de los acusados, Alan González Quintela, vestía una remera con el rostro de “Heisenberg”, el alias con el que se hacía conocer Walter White, el protagonista de la aclamada serie norteamericana.

González Quintela, según surgió de la pesquisa que había comenzado en agosto del año pasado, era quien conseguía las pastillas que vendía en fiestas privadas en casaquintas, luego de grandes festivales de música electrónica, como Creamfields o Ultra Buenos Aires.

Quien está señalado como el fabricante de las pastillas es Carlos Alberto De Lillo. Conocido como “el Colo” o “el Tano”, no tenía conocimientos químicos como aquel apocado profesor de Albuquerque inmortalizado por el multipremiado Bryan Cranston: sí consiguió la fórmula para realizar la mezcla necesaria para elaborar la metilendioximetanfetamina (MDMA o éxtasis) y ganó habilidad para manejar la prensa con la que hacía las pastillas. También tenía otra habilidad: ocultar su verdadera identidad; tras su detención se supo que De Lillo llevaba más de cinco años prófugo, desde octubre de 2009, por haber fletado a una “mula” con tres kilos de cocaína con destino a España, tráfico que fue desbaratado en Ezeiza.

Otro de los procesados para los que se pide el juicio tiene un antecedente aún más grave: Sergio Gustavo González, uno de los cuatro “horneros” condenados a prisión perpetua por el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, ocurrido cerca de Pinamar el 25 de enero de 1997; González gozaba de la libertad condicional desde 2005.

Los otros seis acusados formaban parte de distintos eslabones de la cadena de distribución de la droga; algunos de ellos eran los organizadores de las fiestas privadas en las que vendían su propio éxtasis a 65 pesos la dosis.

 

Pasos de la investigación

Según informó la Procuración General de la Nación en su página web (www.fiscales.gov.ar), la causa se inició en agosto de 2014 con una denuncia anónima realizada ante la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, que daba cuenta de que una mujer le había vendido pastillas a un joven en el boliche Mandarine o Crobar, de Palermo. Comenzaron así los seguimientos, vigilancias encubiertas y escuchas telefónicas directas y allanamientos que permitieron a la policía obtener más de 50 elementos de prueba que fueron ponderados por el fiscal Taiano en su requerimiento de elevación a juicio. En el dictamen se destacó que la pesquisa avanzó “desde el último eslabón de la cadena” hacia la cúpula de la banda.

El 17 de marzo hubo operativos en la Capital, La Plata e Ituzaingó, donde se hallaron pastillas de éxtasis, marihuana y ketamina. En la casa de De Lillo, en Bermúdez al 2100 (y una segunda entrada por Avellaneda al 3700), en Olivos, la policía descubrió un centro de mezclado y fraccionamiento de droga. Ese día fueron detenidas 13 personas.

La pesquisa dio por probado que González Quintela era quien le proveía el éxtasis a “Virginia”, la mujer señalada en la primera denuncia. También, que aquel y otros dos sospechosos (Claudio Roch y Hugo Cesaroni) se reunían en un lubricentro de Warnes al 2100, que usaban como punto de “delivery”.

El fiscal también dio por acreditado que González Quintela “se proveía de material narcótico” de parte del sospechosos identificado como Carlos Agüero, alias “Dátolo”. A partir de él se estableció la existencia de una segunda cadena de distribución de la droga.

A Sergio Gustavo González se lo acusa de abastecer de “sustancias estupefacientes conformadas con base en cocaína” a Cesaroni. Taiano pidió que al “hornero” también se lo juzgue por la tenencia ilegal de una escopeta Mossberg y de un revólver hallados en su casa de La Plata.

 

Fuente: La Nación

Foto: Aníbal Greco