En Vicente López, una niña delató a su mamá por un asesinato

«Mi mamá es mala… muy mala», le dijo la chica, de 12 años, a una vecina y amiga de su madre. La mujer fue condenada a prisión perpetua.

Descubrir que esa afirmación significaba resolver el asesinato de una jubilada ocurrido en el mismo barrio en el que vivían le llevó a la mujer sólo unos minutos. Al profundizar en los dichos de la niña, escuchó la siniestra descripción del asesinato de Dominga Irma Giles, una jubilada de 85 años cuyo cuerpo había sido encontrado la noche del 3 de julio de 2012 en su casa de Pueyrredón 6355, Carapachay, partido de Vicente López.

«Yo le sugerí a la niña que no me hablara mal de su madre, pero ella insistía: «Mi mamá es mala. Muy mala». Hasta que en un momento le pregunté por qué lo decía. Ella comenzó a llorar y me preguntó si me acordaba de la señora que vivía a la vuelta de mi casa, la que habían matado. «Mi mamá la asesinó. Mató a una persona», me dijo, y le pregunté por qué. Entonces me contó que habían ido a la casa de la señora, que la madre le había pedido plata y que como no se la había querido dar, le puso una bufanda en el cuello o en la boca y le pegó con el palo de ablandar la carne en la cabeza. Me dijo también que mientras su madre le pegaba a la señora le ordenó a ella que buscara plata por distintos rincones de la casa, pero que no revolviera nada», expresó en el juicio por el caso la testigo Liliana Jaquelin Villar.

Esta declaración fue clave para que el Tribunal Oral Criminal N° 1 de San Isidro condenara en los últimos días a prisión perpetua a Susana Beatriz Pérez, de 42 años, por el asesinato de Giles.

Para los jueces María Elena Márquez, Alberto Ortolani y Gonzalo Aquino, Pérez habría matado a Giles, de quien era amiga, para evitar que la víctima pudiera identificarla como la autora del robo de los 7500 pesos que, tres días antes, había cobrado; era la pensión por su esposo, un trabajador ferroviario.

El homicidio de Giles conmocionó a Carapachay. «Vi a mi abuela reventada a palos con un pañuelo en la boca. Toda ensangrentada. La molieron a palos. La casa estaba en orden. No había nada revuelto», recordó la nieta de la víctima.

Pero la conmoción fue aún mayor cuando la testigo clave le contó a una sobrina de la víctima la confesión que le había hecho la chica de 12 años, en la que relató cómo su madre había matado a Giles, y su posterior encuentro con la asesina.

«Cuando le dije a Susana lo que me contó su hija, comenzó a reírse. Al principio lo negó, pero cuando insistí y le pregunté por qué lo había hecho, me dijo que sabía que Irma iba a cobrar una cantidad de dinero importante por la pensión del marido. Me explicó que estuvo esperando mucho tiempo eso, me habló de 7500 pesos y de que ese día había encontrado lo que buscaba en la ropa interior de la señora», expresó Villar, cuya impactante revelación llegó a manos de la Justicia un mes después del homicidio.

Susana Pérez, la acusada, tenía atemorizado al barrio. Según su hija, consumía droga, que compraba en la villa Santa Rita. Un hecho resultó clave para que Villar se decidiera a denunciar la confesión que había escuchado: fue cuando se encontró con Pérez en el supermercado chino de la esquina de su casa. Allí advirtió que la asesina la seguía. Entonces decidió contar lo que sabía a la sobrina de Irma, quien a su vez denunció el caso ante la policía.

Un mes después de eso, la mujer que aterrorizaba al barrio fue detenida. Ahora recibió la pena máxima por matar a su vecina para quedarse con 7500 pesos.

 

Fuente: La Nación