Entre la histeria y los fantasmas

Un análisis de la actualidad de Tigre después de las primeras 4 fechas.

El “operativo permanencia” comenzó con una montaña rusa de sensaciones en apenas cuatro fechas de torneo. Es que Tigre necesita hacer una campaña casi de campeón para no depender de nadie. Por lo tanto, cada punto perdido se siente como un clavo tapando el ataúd que nos manda a la B.

El Tigre del Lobo Ledesma transita esa montaña rusa del amor al odio sin escalas. Porque por un lado el equipo está invicto, pero por otro apenas ganó un partido. Por un lado es el segundo más goleador (sólo detrás del puntero Racing), pero por otro le metieron seis en cuatro partidos. Por un lado nunca estuvo abajo en el marcador, pero por otro le empataron tres partidos seguidos.

El hincha (y hasta incluso algunos sectores del periodismo partidario) cae en esa histeria de pedir cabezas desde el comienzo o de resignarse a un desenlace inevitable (como el hecho de que te empaten) a pesar de que el equipo tiene claras mejorías respecto al torneo pasado.

Es innegable que el Lobo Ledesma solucionó varias falencias de la campaña anterior. La primera, la falta de gol. Un promedio exacto de dos goles por partido son motivo suficiente para creer que este Tigre va a ir a buscar la permanencia cueste lo que cueste. Vera, Cavallaro y Fede González están ilusionando al hincha al punto de casi olvidar con su cuota goleadora que un tal Carlos Luna ni siquiera es convocado. El equipo tiene la pelota, pero a diferencia del torneo anterior, le saca provecho. Contra San Lorenzo y Aldosivi, sólo necesito de pocos minutos para sacar dos goles de ventaja. Y eso no cualquiera lo hace.

Ahora, si se convierten muchos goles pero aún así sólo se ganó un partido es porque algo anda mal atrás. Y sí, algo anda mal. La solidez defensiva es una tarea pendiente en el equipo. Más allá de errores en jugadas aisladas que provocaron goles rivales, Tigre tiene una peligrosa tendencia a ceder la iniciativa al rival una vez lograda la ventaja. Contra Aldosivi (primer partido con la valla invicta), sólo unas atajadas de Batalla, que le permitieron redimirse del partido anterior, y la incapacidad del rival de ser efectivo, fueron los motivos por los cuales Tigre se llevó la victoria. Enfriar el partido, liquidarlo o rechazar toda pelota que circule cerca siguen siendo cosas que a Tigre le cuesta hacer.

En conclusión, el Matador está bien. Es difícil decir eso cuando está último en los promedios a varios puntos del primero que se salva. Pero la actitud mostrada en este inicio sirve para que haya de donde sostener la ilusión. Cada partido se jugó igual y si Tigre tuviera puntaje ideal, nadie lo cuestionaría. Sólo resta que los fantasmas se alejen y la montaña rusa termine su recorrido.